9 de octubre de 2007

Ante cualquier duda…consulte a su Chamán





Siento una esencia como familiar y de inmediato levanto la vista para seguir el agradable aroma. Camino y espero. Nada pasa. El envolvente bálsamo juega un papel muy importante en mi estado de ánimo, no entiendo el porque. Cada vez que paso por esta misma calle ocurre, será el sereno, quien sabe, llegando a la esquina el olor cambia radicalmente y vuelvo a caer, pero solo que esta vez vos no me estas mirando. Quizás ya debas de estar colgando como cada día lunes. Ahora soy yo el que se cuelga un poquito, pero de tu sien.

Son pocos los momentos que uno tiene para colgarse de la sien de otro o evitar caerse cuando te están mirando. Ahí estaba yo a una cuadra del fragante perfume y con ganas de volver a pasar por ahí, pero tú ya no estabas, solo cuñataí. Rumbo norte seguí mi marcha pero se que volveré a pasar por esa callecita que tiene un no se que. A veces pienso que está imantada, pero no, está aromatizada y uno sucumbe más ante el aroma que al imán.

Antes de llegar a laburar, pasé por donde Chamán a preguntarle el por que de mi insistencia en pasar por esa arteria. Golpee la puerta de madera dos veces y lo llamé – Chamán soy Bitter Meat, abre- y desde adentro sentí la gutural voz del dueño de casa que retrucaba –pasa nomás chatito-. Raudamente entré y la memoria emotiva me jugó una buena pasada, ya que al estar en la casa, recordé las veces en que compartimos aquellas misiones de paz en La Quiaca, desintoxicando coyitas adictos al vino barato y al cigarro importado, pero esa será otra historia.

Chamán todavía tenía aquella foto en la cancha de Defensores de Junín, cuando el equipo ascendió a la D, luego de derrotar a club de los hermanos Méndez, Sportiva Unión tres a uno. Ese día fuimos con Lester, un “rehabilitado” que no lo logró, ya que fue tanta su algarabía por el triunfo del club de sus amores, que le caló “burrito” Ortega y se empapó en tinto barato, colgándose del tetra, dejando la senda de la recuperación. Que momentos aquellos.

Una vez sentado en el living de Chamán, ahora distanciados por su pequeño problema con drogas sintéticas, le comencé a relatar todo este asunto del aroma, de la calle, de mi presente. Luego de escucharme, tomó un recipiente que tenía debajo de la mesa de centro y le dio un gran sorbo, asombrado comento –oye no estabay chantilly con el copete-, luego de refrescar su garganta agregó –no weon es té de poleo, solo me queda un vicio- mientras que hacia la famosa mueca, esa que se parece a un pescado fuera del agua.

Chamán comenzó hablando de las feromonas y de cómo el agradable olor que emanan, es solo percibido por quienes son receptivos a este fenómeno químico propio de los animales. Por lo que entendí cada uno capta ese rico perfume y disfruta de él cuando encuentra la feromona adecuada y es por eso que transito la vereda del sol con frecuencia. Notable. Es bueno de contar con los servicios de alguien como Chamán, quien siempre esta ahí para los viejos amigos, sobre todo para aclararte las dudas existenciales. Otra cosa que agregó al final de nuestra conversación fue que las feromonas son frágiles y oscilantes, ya que crecen, decrecen, aparecen y se van. Para que esto no ocurra Chamán me dio la fórmula, claro que para mi fue gratis.